¿Alguna vez te has sentido completamente solo aun rodeado de gente?

Maribel Torrente

Muchas personas viven así cada día.

Y cuando hablamos de salud mental, la soledad no es un detalle menor. Es uno de los factores más importantes y más invisibles del sufrimiento humano.

La soledad prolongada afecta al sistema nervioso. Aumenta el estrés crónico. Altera el sueño. Afecta al sistema inmunológico. Incrementa el riesgo de ansiedad, depresión y deterioro físico.

Pero además ocurre algo todavía más duro:

La enfermedad mental también genera soledad.

Muchas personas dejan de sentirse comprendidas. Pierden relaciones. Pierden trabajo. Pierden comunidad. Pierden seguridad. Y poco a poco empiezan a sentirse invisibles.

La sociedad sigue hablando de salud mental muchas veces solo desde la crisis o el diagnóstico. Pero muy poco desde la pertenencia, la dignidad, el acompañamiento y la comunidad.

Y en países como España, donde los recursos comunitarios siguen siendo insuficientes y muchas familias sostienen solas situaciones extremadamente complejas, el aislamiento puede convertirse en una forma silenciosa de sufrimiento crónico.

Hay personas atravesando ansiedad, trauma, psicosis, duelo, depresión o agotamiento extremo completamente solas.

No porque no quieran conexión. Sino porque el sistema, el miedo, el estigma y la falta de estructuras humanas también aíslan.

La salud mental no depende solo de tratamientos. También depende de:

• comunidad

• seguridad

• vínculos

• escucha

• estabilidad

• descanso

• dignidad humana.

A veces, sentirse acompañado también es prevención.

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