¿Por qué el estrés afecta al dolor?
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El dolor no está solamente en el lugar donde duele
Imagina que llevas varios días bajo mucha presión.
Duermes peor.
Tu cuerpo permanece más tiempo en tensión.
Estás más pendiente de lo que ocurre a tu alrededor.
Y entonces aparece algo que quizá ya conoces:
te duele más.
La espalda.
El cuello.
La cabeza.
El abdomen.
Una zona que ya te había molestado antes.
La primera reacción suele ser buscar una explicación exclusivamente física:
"¿Qué me he hecho?"
Pero existe otra pregunta importante:
¿Qué está ocurriendo en el organismo que puede estar modificando la experiencia del dolor?
El estrés no significa que el dolor sea imaginario.
Tampoco significa que una lesión no exista.
Y no significa que todo dolor tenga un origen psicológico.
Lo que significa es algo más interesante:
el estrés puede modificar la forma en que el sistema nervioso procesa y regula las señales relacionadas con el dolor.
Para entenderlo, tenemos que dejar de pensar en el dolor como una simple alarma que se enciende exactamente en el lugar donde existe un daño.
1. Dolor y daño no son exactamente lo mismo
Esta es una de las distinciones más importantes en ciencia del dolor.
El dolor es una experiencia real.
Pero la intensidad del dolor no siempre corresponde directamente a la cantidad de daño tisular.
Podemos tener una lesión importante con relativamente poco dolor.
Y podemos experimentar mucho dolor cuando el daño tisular observable es pequeño o incluso cuando ya no existe una lesión que explique completamente la intensidad actual de los síntomas.
Esto no significa que el dolor sea "mental".
Significa que el dolor es una experiencia producida por el sistema nervioso a partir de múltiples fuentes de información.
Entre ellas pueden encontrarse señales procedentes de los tejidos, pero también:
-
contexto;
-
experiencia previa;
-
atención;
-
expectativas;
-
emociones;
-
estado fisiológico;
-
aprendizaje;
-
y señales relacionadas con amenaza o seguridad.
Por eso, una misma señal corporal puede ser interpretada de manera diferente dependiendo del contexto.
2. El estrés cambia el estado del organismo
Cuando percibimos una demanda importante, el organismo modifica su estado.
Participan diferentes sistemas, entre ellos el sistema nervioso autónomo y el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal —el eje HPA—.
La frecuencia cardíaca puede cambiar.
La respiración puede cambiar.
La tensión muscular puede aumentar.
La atención puede orientarse hacia posibles amenazas.
Las respuestas hormonales también cambian.
Todo esto tiene sentido desde el punto de vista de la adaptación.
Ante una amenaza o una demanda importante, el organismo necesita estar preparado para responder.
El problema aparece cuando estas respuestas interactúan repetidamente con un sistema de dolor ya sensibilizado, una lesión, una enfermedad o una experiencia previa de dolor.
Entonces el contexto fisiológico puede influir en cómo se procesa la información relacionada con el dolor.
3. El sistema nervioso no es simplemente un cable
Una manera sencilla de imaginar el dolor es pensar:
tejido → nervio → cerebro → dolor
Pero la fisiología es mucho más dinámica.
Las señales nociceptivas pueden ser moduladas a diferentes niveles del sistema nervioso.
El cerebro no recibe simplemente una señal y la convierte automáticamente en una cantidad determinada de dolor.
Existe regulación.
Existe inhibición.
Existe facilitación.
Existe interacción con otros sistemas.
Y existe aprendizaje.
Esto ayuda a explicar por qué el mismo estímulo puede producir experiencias diferentes en distintos momentos.
El sistema nervioso está continuamente integrando información.
Y el estrés forma parte del contexto en el que esa integración ocurre.
4. ¿Qué tiene que ver la atención?
Cuando estamos bajo estrés, nuestra atención puede orientarse con mayor facilidad hacia señales relevantes para la supervivencia o la amenaza.
Esto puede incluir señales procedentes del propio cuerpo.
Una sensación que normalmente pasaríamos por alto puede adquirir mayor importancia.
Un pequeño cambio corporal puede captar nuestra atención.
Y cuanto más atendemos una sensación, más información obtenemos sobre ella.
Esto no significa que la atención "invente" el dolor.
Significa que la atención puede influir en la experiencia del dolor.
En determinadas circunstancias, prestar atención de manera repetida a una señal amenazante puede contribuir a mantenerla en primer plano.
Por eso, en dolor persistente, no solo importa qué señal está llegando desde el cuerpo.
También importa cómo está siendo procesada.
5. ¿Y qué ocurre con el estrés prolongado?
Aquí la historia se vuelve más compleja.
Una respuesta de estrés aguda puede ser adaptativa.
Nos prepara para responder.
Pero una exposición repetida o prolongada a situaciones estresantes puede modificar diferentes sistemas fisiológicos.
Entre ellos:
-
regulación autonómica;
-
eje HPA;
-
sueño;
-
inflamación;
-
metabolismo;
-
tensión muscular;
-
atención;
-
estado emocional;
-
y procesos relacionados con la modulación del dolor.
No significa que el estrés crónico sea la causa de todos los dolores.
Sería una afirmación demasiado amplia.
Significa que el estrés puede convertirse en uno de los factores que influyen en la experiencia y mantenimiento del dolor en determinadas personas y circunstancias.
6. El sueño es parte de la ecuación
Aquí aparece una conexión que ya hemos explorado en esta serie.
Estrés → peor sueño → menor recuperación → mayor vulnerabilidad al dolor
La relación no es necesariamente lineal.
Pero el sueño y el dolor interactúan en ambas direcciones.
El dolor puede dificultar el sueño.
Dormir mal puede aumentar la sensibilidad al dolor.
Y el estrés puede afectar a ambos.
Esto significa que, cuando una persona experimenta dolor persistente, mirar únicamente la zona donde duele puede dejar fuera una parte importante del contexto.
El organismo funciona como un sistema integrado.
7. El estrés también puede aumentar la tensión muscular
Cuando estamos bajo determinadas condiciones de amenaza o demanda, el sistema motor puede aumentar la preparación muscular.
Eso puede ser útil cuando necesitamos actuar.
Pero mantener tensión durante largos periodos puede contribuir a molestias y dolor en algunas personas.
Cuello.
Mandíbula.
Hombros.
Espalda.
Esto tampoco significa que toda tensión muscular sea causada por estrés.
La postura, la carga física, el entrenamiento, las lesiones y muchos otros factores también importan.
La cuestión es que el estado de estrés puede formar parte del contexto que modifica cómo responde el sistema musculoesquelético.
8. ¿Puede el estrés cambiar la sensibilidad al dolor?
Sí.
La investigación experimental muestra que el estrés puede producir cambios en la sensibilidad al dolor.
Pero aquí aparece una de las partes más importantes de esta historia:
no todas las personas responden igual.
En algunas circunstancias, el estrés agudo puede producir una reducción temporal de la sensibilidad al dolor.
En otras, puede producir un aumento de la sensibilidad.
Este fenómeno se estudia, entre otros conceptos, mediante:
-
stress-induced analgesia;
-
stress-induced hyperalgesia.
Esto nos recuerda algo fundamental:
no existe una única respuesta al estrés.
El efecto depende del tipo de estresor, su intensidad y duración, del contexto, de la experiencia previa y de las características individuales.
Por eso no podemos convertir "estrés" en una explicación universal del dolor.
9. El cerebro puede modificar la señal
El sistema nervioso dispone de mecanismos descendentes capaces de modular el procesamiento de las señales nociceptivas.
En términos sencillos:
el cerebro puede influir sobre cómo se procesa la información relacionada con el dolor.
Puede facilitar determinadas señales.
Puede inhibirlas.
Y estas vías descendentes interactúan con diferentes sistemas neuroquímicos y fisiológicos.
Este concepto es fundamental porque rompe una idea muy intuitiva:
"Si algo duele, la señal simplemente está subiendo desde el tejido hasta el cerebro."
No funciona así.
La experiencia del dolor emerge de una interacción dinámica entre señales corporales, procesamiento neural y contexto.
10. Entonces, ¿el dolor está "en el cerebro"?
Esta frase suele crear más problemas de los que resuelve.
Sí, el cerebro participa necesariamente en la experiencia del dolor.
Pero decir:
"El dolor está en tu cabeza"
puede interpretarse como:
"Te lo estás imaginando."
Y eso es incorrecto.
El dolor es real.
La experiencia es real.
La actividad del sistema nervioso es real.
Y puede existir daño tisular real.
La cuestión científica es otra:
el dolor no es una representación fotográfica del daño.
Es una experiencia biológica compleja que emerge de la interacción entre múltiples sistemas.
11. ¿Qué ocurre cuando ya existe dolor persistente?
Aquí el contexto puede adquirir todavía más importancia.
Cuando el dolor persiste, pueden producirse cambios en el procesamiento del sistema nervioso.
En algunas condiciones se habla de sensibilización.
Esto no significa que todas las personas con dolor persistente tengan exactamente el mismo mecanismo.
Significa que, en determinados casos, el sistema nociceptivo puede presentar una mayor respuesta a determinados estímulos.
El estrés puede interactuar con estos procesos.
Por eso una persona puede notar que sus síntomas empeoran durante periodos de presión, falta de sueño o preocupación y mejoran cuando dispone de mejores condiciones de recuperación.
Eso no significa que "todo esté en su cabeza".
Significa que el estado global del organismo puede influir en la experiencia del dolor.
12. Y aquí aparece la interocepción
La interocepción es la capacidad de detectar, integrar e interpretar señales procedentes del interior del organismo.
En los artículos anteriores hemos visto que esta información puede incluir:
-
frecuencia cardíaca;
-
respiración;
-
tensión;
-
temperatura;
-
sensaciones gastrointestinales;
-
y otras señales corporales.
El dolor también forma parte de esta experiencia corporal.
Pero interocepción no significa simplemente "sentir el cuerpo".
También implica cómo el cerebro procesa e interpreta esas señales.
Por eso el estrés puede influir indirectamente en la experiencia corporal al modificar:
qué señales detectamos → cuánto atendemos a ellas → cómo las interpretamos → cómo responde el organismo.
13. El contexto importa
Imagina dos situaciones.
Una persona siente una punzada en el pecho mientras está haciendo ejercicio y sabe que está físicamente preparada y que la sensación desaparece rápidamente.
Otra persona siente una sensación similar después de varios días durmiendo mal, bajo una situación de amenaza y con miedo intenso a que algo grave esté ocurriendo.
La señal corporal no tiene por qué ser idéntica.
Pero incluso si lo fuera, el significado que el sistema nervioso atribuye a esa señal puede ser diferente.
El cerebro trabaja con contexto.
Experiencia previa.
Predicción.
Información sensorial.
Estado fisiológico.
Y aprendizaje.
Por eso la experiencia del dolor no puede reducirse a una simple relación:
señal = dolor.
14. Esto no significa que debamos ignorar el cuerpo
Al contrario.
Comprender la influencia del estrés sobre el dolor debería hacernos más atentos al cuerpo, no menos.
Un dolor nuevo, intenso, persistente o que presenta signos de alarma merece una evaluación adecuada.
La explicación biopsicosocial del dolor no significa:
"No busques una causa física."
Significa:
"No reduzcas una experiencia compleja a una sola causa cuando la evidencia indica que pueden interactuar múltiples factores."
Tejidos.
Sistema nervioso.
Sueño.
Movimiento.
Estrés.
Emociones.
Contexto.
Experiencia.
Todos pueden formar parte de la historia.
15. ¿Podemos hacer algo con esto?
Sí, pero no existe una única intervención que funcione para todas las personas.
Desde una perspectiva de salud integral, puede ser útil observar diferentes elementos:
Sueño
¿Estoy durmiendo suficientemente?
Movimiento
¿Estoy completamente evitando el movimiento por miedo al dolor?
¿O estoy recibiendo una carga que mi organismo puede tolerar y recuperar?
Estrés
¿Qué demandas están presentes actualmente?
Atención
¿Estoy constantemente monitorizando la zona dolorosa?
Respiración y regulación
¿Cómo cambia mi estado fisiológico cuando disminuye la demanda?
Contexto
¿Qué estaba ocurriendo en mi vida cuando aparecieron o empeoraron los síntomas?
Estas preguntas no sustituyen una evaluación médica.
Pero pueden ayudarnos a comprender que el dolor no ocurre en aislamiento.
16. La pregunta no es solamente "¿Dónde duele?"
Puede ser también:
¿Qué estaba ocurriendo en mi organismo cuando empezó a doler?
Y después:
¿Qué está ocurriendo ahora que puede estar manteniendo o modulando esa experiencia?
Esto cambia nuestra forma de mirar el dolor.
No buscamos una única explicación.
Buscamos comprender las interacciones.
Porque el organismo no funciona por departamentos independientes.
17. El marco Alegría
A lo largo de The Body & Mental Health estamos utilizando un mismo principio:
Demanda → Respuesta → Recuperación → Adaptación
En el caso del dolor, podemos añadir otra capa:
Señal → Procesamiento → Contexto → Experiencia
El dolor no es simplemente la señal.
Es el resultado de cómo el organismo procesa esa información dentro de un contexto determinado.
Y el estrés es uno de los factores que pueden modificar ese contexto.
No el único.
No siempre el principal.
Pero sí uno que merece nuestra atención.
La idea que me gustaría que te llevaras
Si el estrés puede influir en el dolor, eso no significa que el dolor sea imaginario.
Significa que el dolor es una experiencia biológica dinámica.
El organismo no recibe pasivamente las señales.
Las regula.
Las modula.
Las integra.
Las interpreta.
Y responde.
Por eso quizá la pregunta no sea solamente:
"¿Qué está causando mi dolor?"
Sino también:
"¿Qué está ocurriendo alrededor de mi dolor?"
¿Cómo estoy durmiendo?
¿Qué demandas estoy soportando?
¿Cómo me estoy moviendo?
¿Qué atención estoy prestando a las sensaciones?
¿Qué significa ese dolor para mí?
¿Y qué ocurre con mis síntomas cuando cambia el contexto?
Estas preguntas no eliminan la dimensión física del dolor.
La amplían.
Y esa es precisamente la perspectiva que necesitamos cuando hablamos de cuerpo y salud mental.
En el próximo artículo
Si el organismo puede aprender respuestas ante determinadas demandas y contextos, aparece una pregunta todavía más interesante:
¿Puede el cuerpo aprender a sentirse seguro?
Ese será el próximo paso de nuestra conversación sobre estrés, regulación y experiencia corporal.
Aviso
Este contenido tiene una finalidad exclusivamente educativa y divulgativa. El dolor puede tener múltiples causas y este artículo no pretende diagnosticar, explicar individualmente ni tratar ningún síntoma. Un dolor nuevo, intenso, persistente o acompañado de signos de alarma requiere una evaluación adecuada por un profesional sanitario cualificado.
Foto de Sandy Sammy en Unsplash
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